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Por Deniris Daza|Posteado 05 May, 2020|3 Comentarios|221 Vistas

El día que renuncié por última vez

Un jueves por la tarde, luego de una larga semana sintiéndome miserable, tuve una revelación.

“¿Es esto lo que quieres?”, me pregunté.

Mientras desde el forzado teletrabajo que mi agencia de ese momento me brindaba, intentaba obligabarme a ser mucho más dinámica y “creativa”, mientras evitaba a toda costa un ataque de pánico. 

¡Hay que entregar, todo está mal!, repetía la ejecutiva de ese momento, mis pequeños pollitos creativos corrían de un lado al otro mientras tratábamos de tener unos contenidos que no iban a ninguna parte (menos a nuestros portafolios) pero cumplían con lo que un cliente clásico nos pedía. 

“¡Quiero verlo ya!  ¡Quiero likes! ¡Quiero que todo vaya como yo digo!  ¿Éste es todo el diseño que va a tener? No es tan creativo. Quiero lo que hicieron con otra marca.  Yo pensé este copy. Pon mi idea. Otra agencia lo hace mejor. “

Un mal cliente puede hacer más daño a tus creencias creativas y a la fe que tienes de tu propio talento que incluso el peor hater del mundo. 

Un mal cliente es el hater al que le firmas un contrato para que te haga bullying. 

“¿Cuánto tiempo más cambiaría el sentido común por unos cuantos pesos mensuales en mi cuenta?”

Ese día, renuncié por última vez.

Desde los 20 años trabajo en medios de comunicación, en radio, prensa (sí, de esa donde tocaba hacer pautas con grabadora de casettes ) televisión, y digital; decidí dejar mi muy estable empleo anterior, donde me había ganado durante tres años la reputación que tanto necesitaba mi ego, por una nueva oportunidad que dibujaba un poquito lo que mi corazón quería: escribir y enseñar.

Me fui a un lugar mucho más pequeño con promesas creativas y referentes de personas que son grandes creadores, todo con la esperanza de “ser” algo que yo no quería creer que ya era. Duré poco menos de 4 meses.

Bastaron pocos días para darme cuenta que no estaba en el sitio correcto y la verdad no vale la pena tanto detalle, solo creo que esa lugar fue el empujón que necesitaba para convencerme de lo que quiero en este momento de mi vida: 

Decirte a ti, que llegaste hasta aquí, espiando mis pensamientos y viviendo mi crisis millennial, que ni todo el dinero del mundo, ni la falsa seguridad que genera una nómina, pagan tu talento y tu tiempo. 

La teoría de Sebastián

«Todo lo que necesito es esta loca sensación. Un rat-tat-tat en mi corazón».

En La La Land, Sebastián es el clásico soñador que ya se rindió sin haber comenzado. Talentoso, con visión, sabe exactamente dónde debe ir, pero aún así, no lo hace, por qué “es hora de madurar y olvidarse de los sueños”.

Per la verdad es que muchos solo necesitamos un pequeño rat-tat-tat en el corazón y lanzarnos a salvar nuestro propio mundo, el que nos queremos crear.

Por eso decidí contar mi historia.

Porque mi verdadera misión es inspirar a otros, que como yo, le dieron demasiado volumen al ruido y apagaron su corazón, sus ganas y sus propias creencias. 

Es momento de renunciar por última vez y firmar el contrato de tu vida, contigo y tu destino. 

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3Respuestas para "El día que renuncié por última vez"
  1. Daniela Cedeño
    Daniela Cedeño

    Te admiro

    06 May, 2020 Reply
    • Deniris Daza
      Deniris Daza

      ¡Gracias! No te imaginas lo importante que es para mí lograr que chicos nuevos se lancen a crear y a creer en sí mismos 💕✨

      06 May, 2020 Reply
  2. Daniel Loaiza
    Daniel Loaiza

    hola deniris que buen material, me parece excelente siempre que sigamos los impulsos de nuestro corazón las cosas llegan a buen puerto, felicitaciones y mucho éxito en esta nueva emprendedora y fascinante etapa!!!

    24 May, 2020 Reply
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